Entre la tierra y el sol hay 384.400 Km. ¿Os parece mucho?
Si hubiese escrito que la distancia entre Bilbao y Cádiz es de 1 metro hubiese
cometido igualmente un error aproximado de un 100.000%, sólo que en ese caso
todos os hubieseis dado cuenta del error y estoy convencido de que en éste no
todos lo habéis hecho. Lo que he escrito es la distancia entre la tierra y la
luna, la distancia hasta el sol es aproximadamente de 150.000.000 Km.

Todos tenemos una espectro de cantidades en nuestra mente,
cuando recibimos una nueva información la colocamos en este espectro entre otras
cantidades familiares y así es más fácil recordarla. Por ejemplo, sabemos que
la duquesa de Alba nació en el Jurásico, en nuestra estructura mental lo
colocamos después del Triásico en el que nació Fraga, y antes del Cretácico en
el que nació Jordi Hurtado, que está envejeciendo mucho mejor. Sin embargo, cuando recibimos cantidades muy
grandes no tenemos con qué compararlas y simplemente las almacenamos en la
parte alta del espectro, sabemos que es mucho pero no sabemos si es simplemente
mucho o mucho más que mucho. Con las cantidades muy pequeñas pasa exactamente
lo mismo.
Una forma de hacer más mundanas esas cantidades es
relacionarlas con cantidades más familiares. Por ejemplo podemos pensar que un
rayo de luz tarda más o menos 1,25 segundos en llegar de la luna a la tierra y
unos 8 minutos y 20 segundos en llegar del sol a la tierra. Si además eres
capaz de recordar que la luz recorre 300.000 Km en un segundo (puedes pensar que
recorre aproximadamente 300 veces la distancia entre Bilbao y Cádiz en un
segundo), sólo tienes que multiplicar el tiempo con la velocidad y conseguirás
la distancia.
Otro ejemplo son la cantidad de átomos en la materia. En un
objeto de un tamaño comparable con el nuestro hay unos 10
23 átomos,
es decir, un 1 seguido de 23 ceros. Es prácticamente imposible que podamos
hacernos una idea de lo que es esto. Si nos hubiesen dicho que en lugar de 10
23
hay 10
15 ó 10
33 átomos nos hubiésemos quedado igual, lo
único que sabemos es que es mucho. Uno de los mejores intentos de darnos una
idea de que realmente es mucho es el diseñado por
Lord Kelvin, y dice así:
Imaginemos que tenemos un vaso lleno de agua y qué pintamos
cada átomo del agua del vaso con un rotulador rojo indeleble (de punta fina,
obviamente). Después, vertemos el contenido del vaso al océano y revolvemos el
agua de todos los mares y océanos del planeta de modo que los átomos rojos de
nuestro vaso queden repartidos de forma uniforme. Si ahora llenamos nuestro
vaso con agua del mar desde cualquier punto del planeta, encontraremos en él aproximadamente
100 átomos de color rojo. Impresionante, ¿no?